«Dirección de la consulta (slug)»: cómo un trozo de plomo de 1886 acabó en los ajustes de una consulta de logopedia
Durante un tiempo, nuestro panel pedía a los logopedas que introdujeran un slug. Nadie se quejó, y eso es lo peor de esta historia.
La pantalla para activar la reserva online tenía un campo con la etiqueta «Dirección de la consulta (slug)» (nuestro panel está en polaco; las etiquetas de este texto están traducidas). Si escribías algo mal, el programa respondía con educación: «La dirección (slug) son minúsculas, cifras y guiones, de 3 a 40 caracteres». Educado e inútil, como un aduanero que explica el reglamento en latín.
Imaginemos la escena. Alguien que lleva una consulta de logopedia termina de trabajar a las seis, se sienta al ordenador para activar por fin las citas por internet y se entera de que hace falta un slug. Es una palabra inglesa que en el día a día significa babosa, el caracol sin concha, y también bala. Así que el programa pedía una babosa o algo peor. Rastreamos de dónde había salido esa palabra. Venía de lejos, de una época completamente distinta y, como se vio después, no venía sola.
Primera capa: un trozo de plomo
En julio de 1886, en la imprenta del diario New York Tribune, se puso en marcha la primera linotipia de uso comercial, el invento de Ottmar Mergenthaler. Hasta entonces el texto para imprimir se componía a mano, tipo a tipo. La linotipia hacía algo que en aquel momento rozaba la magia: reunía las matrices de las letras en una línea y fundía en metal caliente toda una línea de texto como una sola pieza de plomo.
Esa pieza se llamaba en inglés slug. En español, simplemente un lingote, una barra. Un slug era una línea del periódico que el cajista sostenía en la mano. Caliente.
Segunda capa: apodos de redacción
Si en la imprenta la barra significaba una línea, en la redacción la palabra subió un piso. Slug pasó a significar el nombre corto con el que un texto viajaba por la producción del periódico, del periodista al redactor y de ahí a la maquetación. Algo así como el apodo del artículo, para que todos supieran de qué pieza se hablaba antes incluso de decidir el titular.
A los slugs se les pegaban abreviaturas con instrucciones: «AM» era la edición de la mañana, «CX», que se trataba de una corrección. Toda la redacción entendía ese código en medio segundo. Para cualquiera de fuera era un galimatías.
Esa es, por cierto, la definición de jerga en una frase: un lenguaje que dentro ahorra tiempo y fuera lo roba.
Tercera capa: internet recibe la herencia
Cuando aparecieron los primeros sistemas para publicar textos en la red, los construyeron en buena parte personas de las redacciones o para las redacciones. Así que tomaron una palabra que ya existía. Hoy slug es la terminación legible de una dirección: en mentai.pl/gabinet/gabinet-anny, el slug es «gabinet-anny».
Y así se cerró la cadena: una barra de plomo de 1886, el apodo de un artículo en un periódico americano, la terminación de una dirección web, un campo en los ajustes de una consulta de logopedia en Poznań, ciento cuarenta años después.
Ningún eslabón de esa cadena fue un error. El error fue solo el último, porque solo ahí, al otro lado, había alguien que nunca había visto una linotipia.
La mitad de la informática es una imprenta
Cuando ya sabíamos de dónde venía el slug, empezamos a revisar a sus vecinos. Resultó que había llegado con toda la familia. Buena parte de las palabras con las que los programas te hablan a diario son cajistas disfrazados de informáticos.
Fuente, la tipografía, en inglés font, viene del francés fonte, fundición. Porque los tipos se fundían, con el mismo plomo que el slug. Cuando un programa pregunta «qué fuente quieres», en realidad pregunta «con qué molde fundimos».
Interlineado, el espacio entre líneas, en inglés se llama leading. Se pronuncia «leding», de lead, plomo. En el siglo XVIII el cajista metía entre las líneas tiras de plomo para que el texto «respirase». Hoy una barra deslizante en el editor hace lo mismo, solo que sin plomo y sin cajista.
Mayúsculas y minúsculas en inglés son upper case y lower case: caja alta y caja baja, y los tipógrafos españoles todavía las llaman así. En la imprenta los tipos estaban en dos cajones de madera sobre el pupitre del cajista. Las mayúsculas en el de arriba, porque hacían falta menos, las minúsculas en el de abajo, a mano. La palabra inglesa case en este sentido está documentada desde 1588. Así que cuando un programa te pide «una contraseña con una mayúscula», te pide que metas la mano en el cajón de arriba. El de 1588.
Boilerplate, la palabra con la que los programadores llaman al texto prefabricado que se pega sin cambios, por ejemplo un pie legal, viene de las planchas de caldera. A finales del siglo XIX las agencias de prensa enviaban a los periódicos pequeños columnas y anuncios ya hechos, fundidos en planchas metálicas. Las planchas parecían la chapa de las calderas de vapor, y así las llamaron. Las condiciones que pasas sin leer son, en inglés y literalmente, «chapa de caldera». Difícil encontrar un nombre más honesto.
Cliché y estereotipo también salen de aquí. El estereotipo era, en la imprenta, una plancha fundida a partir de toda una página compuesta, para imprimirla muchas veces sin volver a componerla. El francés cliché, documentado desde 1825, es probablemente el sonido que hacía el molde al golpear el metal fundido. Clic. Plancha repetible, frase repetible. Cuando alguien dice que un texto está lleno de clichés, está citando el sonido de una fundición.
Así que cuando en un programa lees sobre fuentes, interlineado y mayúsculas, estás hablando con un cajista del siglo XVI. El slug en el campo de la consulta de logopedia no era una excepción. Era solo el pariente que se presenta en la reunión familiar sin invitación y con el mono de trabajo.
El resto es un barco, un carruaje y un armario
No todo llegó de la imprenta. Algunas de las palabras que los programas dan por obvias tienen domicilios todavía más raros.
Log, el registro de eventos que un programa lleva en silencio en segundo plano. Es la abreviatura de logbook, el cuaderno de bitácora. Y el cuaderno de bitácora se llama así en inglés por log, un tronco de madera. Los marineros lanzaban por la borda una tabla atada a una cuerda con nudos y contaban cuántos nudos les pasaban por las manos en medio minuto. De ahí los «nudos» como velocidad de un barco, y de ahí el cuaderno donde se anotaba. La descripción del método aparece en un manual para navegantes de 1574. Cuando un programa dice que «ha guardado el evento en el log», está diciendo que tiró un tronco al agua.
Dashboard, en español a veces «panel de control» o «tablero», pero casi siempre dashboard, porque nadie se atreve a traducirlo. Originalmente era la tabla delantera de un carruaje que protegía a los pasajeros del barro que los caballos salpicaban, en inglés dash, con los cascos. La palabra está documentada desde 1847, en la descripción de un trineo. Después pasó al coche, porque la tabla se quedó, solo que detrás había un motor en vez de un caballo. Luego alguien le atornilló unos relojes. Hoy un «dashboard» en un programa es una pantalla con estadísticas, y su verdadero apellido es «tabla contra el barro».
Bug, un error en un programa. Thomas Edison usó la palabra en una carta del 13 de noviembre de 1878, hablando de los pequeños fallos que «asoman» en un invento. Sesenta y nueve años después, en 1947, el equipo de Grace Hopper encontró una polilla de verdad en un relé del ordenador Harvard Mark II. La pegaron con cinta en el cuaderno de registro con la nota «primer caso real de un bicho encontrado». La polilla sigue hoy en un museo. Así que cuando un programa tiene «un bug», técnicamente tiene una polilla.
Daemon, así llaman los informáticos a un programa que trabaja en segundo plano sin intervención humana. El nombre se inventó en 1963 en el MIT, por el demonio de Maxwell, una criatura imaginaria de la física que ordena moléculas. O sea, que cuando a medianoche el «automatismo» de la consulta envía los recordatorios de las citas, formalmente lo hace un demonio. No lo decimos así en el panel. Por razones obvias.
Cookies. Seguramente hoy ya has visto varias veces un aviso de cookies, las galletas. El nombre lo inventó en 1994 Lou Montulli, de Netscape, a partir de la «galleta mágica», el término en broma de los programadores para un trozo de datos que un programa recibe y devuelve sin cambios. Dicho de otro modo, toda Europa lleva años pulsando «aceptar cookies» por la broma de un señor de California.
Spam. De la carne en lata Spam y del sketch de los Monty Python de 1970 en el que unos vikingos cantan «Spam, Spam, Spam» hasta que no se oye nada más. El correo no deseado funciona igual. Es una de las pocas palabras de esta lista que nombra la cosa exactamente como es.
Migas de pan, en inglés breadcrumbs, esa ruta «Ajustes › Reserva › Horarios» en la parte de arriba de la pantalla. Por Hansel y Gretel, que iban dejando migas para encontrar el camino de vuelta a casa. Como se sabe por el cuento, los pájaros se las comieron y los niños acabaron en casa de la bruja. No es la mejor publicidad para un sistema de navegación, pero el nombre se quedó.
El español responde con calcos
Se podría pensar que en español irá mejor. A veces va peor, porque a la jerga inglesa le añadimos la nuestra, traducida palabra por palabra.
Aplicación. Antes de los teléfonos táctiles, «aplicación» en español era lo que tenía un buen estudiante: esmero, dedicación. También lo que se pedía a un banco o a una administración. Hoy en una consulta de logopedia se «instala una aplicación». No para sacar mejores notas.
Tu sesión ha expirado. Un mensaje que suena a acta de un pleno municipal. Sesión viene del latín sedere, estar sentado. En un programa significa que llevabas demasiado tiempo sin moverte y el programa dejó de creer que seguías siendo tú. Debería decir: «Llevas un rato sin actividad, vuelve a entrar». En vez de eso, asusta con una sesión, como un secretario de pleno.
Token no válido. Token es, en inglés, una ficha. La del guardarropa. El programa te dice que tu ficha no coincide con el número, solo que se le olvidó añadir dónde está el guardarropa.
Dedicado. En inglés un dedicated server es un servidor destinado a una sola cosa. En español se dedica un libro o una canción a alguien querido. «Módulo dedicado a logopedas» suena, por tanto, a un módulo con dedicatoria en la primera página: «Para la querida Bárbara, con todo mi afecto».
Funcionalidad. La palabra que aparece cuando a alguien «función» le pareció demasiado corta. Un programa no tiene funcionalidad. Tiene funciones. La funcionalidad es una cualidad de una buena silla.
Asistente. Así tradujo el español el wizard inglés, el mago, esa pantalla que te lleva paso a paso. Es, la verdad, una de las traducciones más sensatas que existen: le quita la magia y le deja la ayuda. En inglés el mago sigue ahí: «ejecutar el asistente de configuración» es, literalmente, «invocar a un hechicero». Lo mencionamos por interés propio: nosotros llamamos asistente al producto entero y no queremos que nadie lo confunda con un mago.
Por defecto. El inglés by default viene del lenguaje jurídico y financiero: default es un incumplimiento, una falta de acción. En español «por defecto» suena a que algo tiene un fallo. Nadie tiene un fallo porque el recordatorio salga por SMS. El programa simplemente lo hace así hasta que le digas otra cosa. Y así es como debería escribirlo.
Para equilibrar: hay traducciones que salieron bien, y no desde ayer. Papelera, portapapeles, carpeta y ventana son palabras que nadie tiene que explicar, aunque cada una sustituyó a un término inglés. Se puede. Solo hace falta querer que quien está al otro lado de la pantalla entienda a la primera.
Nuestra propia vitrina de fósiles
Ya que habíamos empezado a buscar, recorrimos todo el panel. Abajo, la lista real de lo que quitamos: a la izquierda lo que el programa decía hasta hace poco, a la derecha lo que dice ahora (etiquetas traducidas de la interfaz en polaco).
| Era | Es | Qué salió mal |
|---|---|---|
| Dirección de la consulta (slug) | Nombre en tu enlace de reserva | Plomo, redacciones, ciento cuarenta años |
| Datos de la consulta / del emisor | Datos para los documentos | «Emisor» es una palabra de contabilidad, no de consulta |
| Casos reales | Citas | Quien hace terapia tiene citas. Casos tiene un bufete |
| Archivar casos de prueba | Archivar citas de prueba | Lo mismo, pero con botón |
| Copiar el estado del panel | Copiar la lista de pasos | «Estado del panel» describe nuestro programa, no tu trabajo |
| preparación del panel | preparación de la consulta | Comprobamos si tú estás a punto, no si lo estamos nosotros |
| Diagnóstico completo e inicio de la consulta | Detalles y primeros pasos | El diagnóstico se le hace a un coche, no a un programa |
Fíjate en una regularidad. Ninguna de esas palabras era difícil. Todas se entienden, para nosotros. La jerga rara vez suena a jerga para quien la escribió. Suena a precisión.
Con honestidad añadimos que en la trastienda, donde el cliente no mira, seguimos hablando de «leads», que es como los comerciales llaman a las personas que preguntaron por la oferta. En inglés se escribe exactamente igual que el plomo, pero es otra palabra: viene de «guiar». El cajista se ofendería, y de todos modos ya la tenemos en la lista para quitar.
Por qué pasa esto
Los nombres de un programa nacen en el mismo momento que la función, y los escribe la misma persona. Esa persona tiene toda la construcción en la cabeza, así que «estado del panel» es, para ella, una descripción exacta y económica. El problema es que describe la cosa desde su lado de la pantalla.
Al otro lado hay alguien con veinte minutos entre una cita y la siguiente que quiere saber quién no ha pagado todavía. No es la misma persona y no tiene el mismo mapa en la cabeza.
Por eso los nombres hay que leerlos en el programa terminado, con calma, pantallas enteras, y no aprobarlos uno a uno en el momento de escribirlos, cuando cada uno parece evidente.
La jerga tiene defensores, y sorprendentes
Lo más gracioso llegó con la limpieza. Cambiamos «Copiar el estado del panel» por «Copiar la lista de pasos» y nuestro propio comprobador automático se puso en rojo.
Tenemos un conjunto de pruebas que vigilan que las cosas importantes no desaparezcan del programa por accidente. Una de ellas se aseguraba de que en el panel hubiera un botón «Copiar el estado del panel». Sacamos la palabra vieja de la interfaz y la prueba decidió que algo se había roto, porque seguía buscando el nombre antiguo.
Dicho de otro modo: la jerga había tenido tiempo de fraguar, como el cemento, en un sitio donde nadie la buscaba. Tuvimos que quitarla dos veces. Una de lo que ves, y otra de lo que vigila que lo veas. Un poco como la polilla de Grace Hopper: el fallo en sí era pequeño, pero hubo que abrir la máquina.
La regla que sacamos de esto
Si una palabra no la usarías hablando con un cliente o con tu contable, no está en el panel.
No se aplica a los nombres que ya forman parte de tu mundo: factura, NIF, KSeF (el sistema polaco de facturación electrónica), RGPD. Esos se quedan, porque son tu idioma, no el nuestro.
Una regla sencilla que exige una cosa incómoda: hay que recorrer el propio producto como un desconocido que no conoce ni una sola abreviatura. Nosotros lo hacemos ahora después de cada paquete de cambios.
Qué puedes llevarte de todo esto
Si estás eligiendo un programa para tu consulta, tienes en la mano una prueba muy barata. Activa la versión de prueba y lee en voz alta las tres pantallas que vas a usar más. No juzgues las funciones, juzga las palabras. Si por el camino te encuentras un slug, una babosa o una ficha de guardarropa, ya sabes de dónde vienen.
Una palabra rara es un detalle, le pasa a cualquiera. Una docena en la misma pantalla significa otra cosa: que ese programa no lo ha leído en voz alta nadie de fuera del equipo que lo construyó. Y si nadie lo ha leído, tampoco lo ha comprobado nadie que, como tú, tenga veinte minutos entre cita y cita.
P. D. Esta entrada tiene su propio slug en la dirección: «palabras-raras-en-los-programas». En las direcciones se le permite. En el panel, ya no.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un slug en la dirección de una página?
Es la terminación legible de una dirección que describe el contenido, por ejemplo «gabinet-anny» en mentai.pl/gabinet/gabinet-anny. La palabra viene de la imprenta, donde en inglés significaba una línea de texto fundida en plomo, y después de las redacciones de los periódicos, donde era el nombre corto de un artículo en producción. En MentAI hoy se llama «Nombre en tu enlace de reserva» y a su lado ves una vista previa del enlace terminado.
¿Por qué los programas para consultas usan palabras raras?
Normalmente no es por mala fe. Los nombres los escribe la persona que construye el programa, y para ella son transparentes: sabe lo que significan porque los inventó. La jerga se queda allí donde nadie ha leído la pantalla con los ojos de la persona que tiene que trabajar con ella.
¿Son malas palabras «aplicación», «dashboard» y «sesión»?
No son malas, son ajenas. Cada una tiene su historia y en su mundo original era precisa. El problema empieza cuando un programa las usa con una persona que no conoce ese mundo y no le da ninguna pista. Si al lado de «tu sesión ha expirado» pone «vuelve a entrar», no le pasa nada a nadie.
¿Cambiar los nombres no confunde a quienes ya se habían acostumbrado?
Por eso los cambiamos por paquetes y los describimos en Novedades (en polaco), en lugar de sustituir uno cada semana. Un nombre que se entiende a la primera ahorra más de lo que cuesta acostumbrarse una sola vez.
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La mejor prueba son tus propios ojos. El registro está abierto, la cuenta la creas tú, sin código de invitación y sin tarjeta. La interfaz del producto está en polaco.
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